¿Imagina lanzar un mensaje a millones de consumidores y que solo en una frase de tres palabras aparezcan dos faltas de ortografía o incorreciones gramaticales? Ese es el momento en el que se arrepiente de no haber contratado los servicios de un corrector profesional de textos.

¿Cree que esto no puede ocurrir? No esté tan seguro. Ni el mejor departamento de marketing y contenidos promocionales es capaz, a veces, de evitar una auténtica metedura de pata.

Un ejemplo de cómo echar a perder una estupenda campaña de marketing

Las grandes marcas y multinacionales, aquellas que copan el mercado en sectores como la industria textil o la telefonía, aprovechan cualquier ocasión o excusa para lanzar atractivos mensajes a clientes potenciales con el fin de captar su atención y, de paso, su interés acerca de los productos o servicios que ofrecen.

Sin embargo, después de devanarse los sesos pensando en el cómo, cometen torpezas lingüísticas que les llevan a tirar por tierra todo el esfuerzo invertido en una gran idea.

Por ejemplo, la tuitera @avegacasiano compartía en su cuenta, el 7 de marzo de este año, una promoción de Vodafone en la que podía leerse lo siguiente:

La usuaria señalaba con gracia: Un minuto de silencio por todas esas comas de vocativo ignoradas y masacradas, a lo que otra tuitera añadía: Y por esas mayúsculas innecesarias.

No sabemos si Vodafone se dio cuenta de su error o atendió a los toques de atención de los consumidores, porque en su cuenta de Twitter lanzó la publicidad de nuevo, pero esta vez corregida:

¿Qué tal si la marca hubiera contado con un corrector profesional de textos? Se hubiera ahorrado la mofa de varios usuarios de una de las mayores redes sociales del momento.

Pero no solo las grandes empresas cometen errores; también las corporaciones municipales.

Que se lo digan si no al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, que dio a conocer el cartel diseñado para las fiestas de carnaval de 2018 sin percatarse de que contenía un pequeño fallo gramatical. La polémica estaba servida. Menos mal que el error fue subsanado, esta vez a tiempo, después de que varios correctores profesionales de textos se frotasen los ojos tras la presentación.

Como puede ver, los fallos están a la orden del día. Al fin y al cabo, un ilustrador o un publicista no tienen que saberlo todo acerca de la ortografía y gramática españolas, pero sí un corrector profesional de textos; por eso, si va a lanzar un mensaje al mundo, háganos caso: confié en uno de ellos.