El intrusismo está a la orden del día. El intrusismo y una tendencia, que llegó a su momento álgido con la crisis y el apogeo del marketing online, a rebajar las exigencias económicas y de calidad de cualquier trabajo que tuviera que ver con la redacción y corrección de textos bajo la máxima: «Lo importante es trabajar, aunque sea mal».

«Mal» porque es imposible ofrecer un buen servicio, al menos en la corrección de textos, cuando no se disponen de las herramientas ni los conocimientos precisos; peor todavía si, además, el «profesional» de turno necesita quitarse ese trabajo de encima cuanto antes porque lo suyo es corregir textos «como churros» para llegar a fin de mes.

Nuestro sector ha sido castigado, como muchos otros, claro está, por una ola de competencia desleal y mediocridad que afecta, por desgracia y sin remedio, a aquellos escritores —algo incautos— que deciden confiar en los servicios de alguien que promete un trabajo impecable en pocas horas a cambio de unas tarifas irrisorias.

Créanos: el dicho «Lo barato sale caro» toma especial relevancia en un sector, como es el de la corrección de textos profesional, en el que la calidad lo es todo.

Sin duda, la guerra de precios en un mercado cada vez más competitivo está servida, y es difícil, como consumidor del servicio, saber a qué atenerse: ¿en quién puedo confiar? ¿Estaré pagando de menos o de más? Como suele decirse, compare y acuda a un servicio de corrección profesional de textos donde las tarifas se muevan en una horquilla media y su personal le inspire transparencia, cercanía, experiencia y seriedad.

Porque de la mano de estos expertos dependerá el éxito de su novela, tesis, ensayo o poemario, no lo olvide nunca. ¿Acaso querría ver su libro publicado con faltas de ortografía, erratas variopintas o incongruencias gramaticales?

Huya de la opacidad y de quien no pueda demostrar experiencia previa.

La competencia desleal ha existido y siempre existirá; por eso, confié solamente en profesionales capacitados dispuestos a ofrecerle un servicio de calidad:

  • Un servicio transparente: porque, obviamente, no es lo mismo llevar a cabo una corrección estrictamente ortográfica de un texto que aquella que exige una revisión del estilo. Que no le vendan gato por liebre, exija la descripción de todas y cada uno de las formas de corrección que incluya el servicio contratado.
  • Experiencia demostrable: pida referencias, trabajos realizados hasta la fecha…, cualquier información que le ayude a descartar a intrusos o impostores. Si lo necesita, utilice esta baza para tomar la decisión idónea en cuanto al corrector profesional que debe usted elegir.

Y por supuesto, un servicio que le tienda la mano de un profesional siempre que lo necesite, que le guíe y le asesore, que comparta su objetivo: hacer de su libro una obra digna de publicar. Recuerde: si tiene un sueño, no lo deje en manos de cualquiera.