El mundo literario, que conocemos muy bien los correctores de estilo, no ha escapado a las consecuencias de esa revolución tecnológica que vivimos desde que internet entró en nuestros teléfonos móviles, revolución que no ha hecho más que empezar.

El impacto (positivo para muchos; negativo para pocos) es ineludible, como lo son el cambio radical en los hábitos de consumo y la aparición de nuevos modelos de negocio ligados a esa transformación. El surgimiento y apogeo de los audiolibros es un buen ejemplo de esta nueva realidad, aún cambiante.

Llegaron y conquistaron: audiolibros para todos los públicos

Se dieron a conocer como alternativa para aquellos invidentes o personas con visibilidad reducida que amaban la literatura, sin duda, una herramienta magnífica que acercaba la cultura a quienes encontraban serias dificultades en ejercer el placer de la lectura.

Sin embargo, hoy en día, los audiolibros conquistan a un público generalista gracias, en parte, a la decidida apuesta y promoción de plataformas como Storytel Audiolibros, un proyecto empresarial tecnológico que nos ofrece miles de títulos en streaming en el móvil para ser reproducidos en cualquier momento y parte del mundo. La idea ha seducido ya a millones de lectores, ¿o deberíamos decir «a millones de oyentes»?

Si lo pensamos bien, la aparición en España de los audiolibros, que en EE. UU. aglutinan a toda una legión de lectores pasivos desde los años 30, era cuestión de tiempo. Desde que los expertos comenzasen a acuñar el término multitask, o multitarea, el número de aplicaciones tecnológicas diseñadas para salvaguardar esta filosofía ha crecido.

El hábito de la lectura no se ha escapado a esta nueva moda. Leer mientras cocinamos, mientras pedaleamos camino al trabajo, mientras vemos la televisión…, ¡qué gran ventaja! Sin mencionar que el ejemplar de nuestro libro favorito nos habrá costado mucho menos y que lo podremos «leer» en tiempo récord (50 páginas por hora, más o menos).

Sin embargo, para quienes hemos probado este método, correctores de texto y estilo profesionales muy acostumbrados a la lectura, los audiolibros presentan ciertos inconvenientes.

Los grandes contras de los audiolibros

Alcanzar un nivel idóneo de comprensión lectora es fundamental en el buen desarrollo cognitivo y social de un menor. La destreza lingüística que le permite interpretar el significado de un texto escrito será proporcional a su destreza para desenvolverse en el entorno y respecto a sus semejantes. Leer y comprender lo que se está leyendo es vital. Como lo es la capacidad de reflexionar y meditar sobre la idea plasmada en un texto escrito. Así que, ¿en qué medida puede comprometer esta función un audiolibro?

Escuchar una novela mientras cocinamos unos macarrones…, demasiadas distracciones, ¿no creen? Estaríamos poniendo trabas a nuestra frágil capacidad de concentración, aportando demasiado ruido a la escena.

Nuestra experiencia es que, a través de un audiolibro, no somos capaces de profundizar en la obra, sobre todo cuando hablamos de novelas; de entender todo su significado, de reflexionar sobre las disyuntivas que nos plantea, de hacer las pausas necesarias para retener la información o de volver cinco líneas más arriba para corroborar nuestras sospechas… Nos quedamos en lo superficial, en una especie de resumen.

Por eso, ávidos lectores e incipientes escritores, sin querer por nuestra parte rebajar las claras ventajas que ofrecen los audiolibros (ahorro y optimización de tiempo, energía y dinero en pro de la cultura), les instamos a que no abandonen la lectura tradicional, aquella que se disfruta de forma pausada, que nos empuja a viajar, a soñar, y que nos desconecta, al menos durante unos minutos, de una cotidianeidad excesivamente conectada. Si aun así, queridos escritores, se rinden a las bondades del nuevo paradigma tecnológico, recuerden: escriban ustedes una novela para ser leída o escuchada, no lo olviden, en cualquier caso, ha de ser revisada por correctores profesionales, las incoherencias gramaticales y de estilo también se perciben con el oído.

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