Rectificar es de sabios y por esa misma razón nacieron estas dos herramientas que a menudo se confunden aunque no tengan mucho que ver entre sí.

Puesto que los correctores de texto y estilo profesionales debemos hacer frente, en muchas ocasiones, a esta confusión, vamos a intentar arrojar algo de luz sobre la cuestión.

Fe de errores y fe de erratas, por qué no debes confundirlos

Con la expresión fe de erratas nos referimos a la lista de erratas que se detecta en un libro una vez publicado y que se recoge en una página de este insertada bien al principio bien al final del ejemplar con el fin de enmendar los errores cometidos.

Sin embargo, la fe de errores es aquella sección incluida en la edición de un periódico o revista donde aparecen las informaciones erróneas publicadas en el número anterior. Normalmente, puede leerse en las primeras páginas, junto a las populares Cartas al director.

Las segundas suelen ser más habituales que las primeras. Quizás porque quién publica un libro lo hace después de haber contratado los servicios de un equipo de correctores de texto y estilo profesionales que no dejan pasar ni una, o al menos así debería ser siempre y cuando acudamos al corrector de libros adecuado. Quizás porque las prisas de una edición diaria, semanal, quincenal o incluso mensual hagan mella en un equipo de correctores que no tiene tiempo de profundizar todas las cuestiones gramaticales planteadas por cada noticia, reportaje o entrevista.

Pero existen más razones.

Las prisas y el desconocimiento, grandes aliadas de errores y erratas

Excluyendo las grandes publicaciones de tirada nacional o incluso regional, la mayoría de periódicos y revistas carecen de personal cualificado para llevar a cabo la corrección de todos los contenidos insertados.

De hecho, suele ser una práctica muy común que los propios periodistas se intercambien las noticias redactadas para echar un último vistazo, es decir, yo corrijo tu texto y tú corriges el mío, porque ya se sabe que no hay peor corrector que el propio autor de la obra.

Este método salva a la edición de grandes erratas, es decir, de equivocaciones o deslices cometidos por las prisas, e incluso de graves errores fruto del autocorrector (el peor de los correctores) o, por qué no, del desconocimiento, porque un periodista, por muy instruido que esté, puede confundir el le con el lo o usar un de que incorrecto en un momento dado. Errar es de humanos.

Con el ritmo tan acelerado que se lleva en las redacciones, por otro lado cada vez más exiguas, no es de extrañar que los errores y erratas sean comunes; de hecho, los periódicos solo avisan de aquellas equivocaciones de bulto, normalmente después de que algún lector haya dado la voz de alarma, por economía de tiempo y de recursos.

En la fe de errores lo normal es encontrar rectificaciones de nombres mal escritos, fechas, datos históricos y cosas por el estilo, dejando a un lado los tropiezos ortotipográficos.

En la publicación de un libro sucede lo contrario. Damos por hecho que el corrector de textos profesional ha llevado a cabo una minuciosa labor revisando a fondo el texto. La corrección ortotipográfica y de estilo se da por excelente, sin embargo, nadie está a salvo de un error.

De hecho, en la fe de erratas suelen apreciarse pequeños errores de escritura en el texto, normalmente de ortografía o puntuación.